
Ayudar de verdad no es decir lo que la otra persona quiere oír: es decirle lo que necesita saber, de forma que pueda usarlo.
Cuando alguien de confianza te pide opinión, ayudas más si antes preguntas qué necesita, dices lo que ves con hechos y dejas la decisión en sus manos. En este artículo te cuento por qué entre iguales cuesta más ser sincero, te propongo tres pasos y te acompaño por una conversación con un compañero que está a punto de presentar su propuesta.
Un compañero te enseña el proyecto en el que lleva semanas trabajando y te pregunta: «¿Qué te parece? Sé sincero». Lo lees y ves un problema. Y en ese segundo te parece que tienes que elegir entre la verdad y la relación.
Es un falso dilema. Llevo más de treinta años trabajando con equipos directivos, y he visto muchos proyectos que todo el mundo veía flojos y que nadie se atrevió a cuestionar. No por falta de confianza: por exceso de cuidado.
La sinceridad no es lo contrario de la relación. Bien hecha, es lo que la hace más fuerte.
«Callar para cuidar la relación también tiene un precio.»
Antes de entrar en los pasos, mira cómo crecen las cuatro habilidades de comunicación que más pesan en esta conversación: la escucha activa, las preguntas abiertas, el reconocimiento y la asertividad. La cuarta es la de este artículo: dar tu opinión con firmeza y sin ofender.
Cada pantalla es una habilidad. Se reproduce sola, y puedes pararla o recorrerla a tu ritmo.
Cuatro habilidades, y la última es la que pide esta conversación.
Contenido del artículo
- Por qué cuesta más ser sincero entre iguales
- Tres pasos para que tu opinión ayude
- Un ejemplo: la conversación con Lucas
- La confianza se construye diciendo la verdad
- Conclusión
- Referencias
Por qué cuesta más ser sincero entre iguales
Con alguien de tu equipo, dar feedback forma parte de tu papel. Con tu responsable, al menos sabes que plantear un problema es parte de tu trabajo. Entre iguales no hay ningún papel que te obligue: si dices lo que piensas, es porque decides decirlo. Y lo que arriesgas es una relación que te importa.
Por eso la tentación es suavizar hasta que no queda nada: «está muy bien», «quizá yo cambiaría algún detalle». Kim Scott tiene un nombre para eso: empatía ruinosa, callar algo importante para no hacer daño (Scott, 2017). Parece amable, y deja a la otra persona sola ante un problema que tú ya habías visto.
Te pidió opinión porque confía en ti. Una opinión que no dice nada no le devuelve esa confianza.
Tres pasos para que tu opinión ayude
1 · Pregunta qué necesita
«¿Qué te parece?» puede significar cosas muy distintas. Quizá quiere decidir si sigue adelante. Quizá ya lo ha decidido y quiere que salga mejor. Quizá solo necesita confianza antes de presentarlo. Antes de opinar, pregúntalo: la misma opinión ayuda o estorba según para qué la quiera.
2 · Di lo que ves, y por qué
No «no va a funcionar», sino el punto concreto que te preocupa y la razón. Un juicio global obliga a la otra persona a defender todo su trabajo; un punto concreto le da algo que puede resolver. Y si algo funciona, dilo también, y concreto: no como envoltorio, sino porque también es información.
3 · Deja la decisión en sus manos
Es su proyecto. Tu opinión es una aportación, no un veredicto. Después de decir lo que ves, pregunta qué hará con ello. Que la conclusión sea suya es lo que hace que la use.
| En lugar de… | Prueba con… |
|---|---|
| Opinar sin saber para qué | Preguntar qué necesita |
| «Está genial» o «no va a funcionar» | Lo que ves, concreto, y por qué |
| «Yo no lo presentaría» | Preguntar qué hará con lo que le has dicho |
«Tu opinión es una aportación, no un veredicto.»
Un ejemplo: la conversación con Lucas
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Lucas
Lucas es uno de los seis personajes de Xakrom. Entusiasta y creativo. Conecta ideas y personas; fácil de abrir, difícil de cerrar.
En este ejemplo, Lucas es un compañero de otro departamento con el que te llevas bien. Ha diseñado un programa de mentoría entre áreas y el viernes lo presenta al comité de dirección. Te lo enseña y te pide opinión. Ves un problema: el programa pide a cada responsable cuatro horas al mes, y nadie se lo ha preguntado.
Lucas: Bueno, ¿qué te parece? Y sé sincero, que el viernes lo presento al comité.
Tú: Te lo digo. Antes, ¿qué necesitas de mí: que te ayude a decidir si lo presentas, o a que salga mejor el viernes?
Lucas: Lo presento sí o sí. Quiero que salga bien.
Tú: Entonces te digo lo que veo. La idea de juntar áreas me parece muy buena: es justo lo que falta. Lo que me preocupa es el tiempo. El programa pide cuatro horas al mes a cada responsable, y no veo que nadie se lo haya preguntado. Si el comité saca ese tema, la propuesta se queda ahí.
Lucas: Uf. Tienes razón, eso lo di por hecho.
Tú: ¿Qué podrías hacer antes del viernes?
Lucas: Hablar con dos o tres responsables esta semana. Si me dicen que sí, lo cuento en la presentación. Si no, empiezo con un piloto más pequeño.
Tú: Me parece un buen plan. Y si quieres, el jueves te escucho la presentación.
Fíjate en lo que ha pasado. La primera pregunta cambió la opinión que hacía falta: no si presentarlo, sino cómo llegar mejor. La preocupación llegó concreta y con su razón, así que Lucas pudo hacer algo con ella. Y la decisión se quedó con él, que salió con un plan suyo y no con una lista de lo que estaba mal.
Si la conversación se complica y se convierte en una de feedback de verdad, el método SCORE la ordena en cinco pasos de ida y vuelta, y te lo cuento en ¿Qué es el método SCORE?.
La confianza se construye diciendo la verdad
Es fácil pensar que la confianza entre dos personas consiste en no decirse nada incómodo. Es al revés: la confianza es poder decírselo, y que la relación salga reforzada.
En el modelo Cooplexity, la gestión de las relaciones es el segundo paso del desarrollo de la confianza: no hay cooperación sin vínculo, y el vínculo empieza por la escucha (Zamora, 2020). Por eso los tres pasos empiezan y terminan con una pregunta.
La próxima vez que esa persona te pida opinión, sabrá que lo que le digas vale la pena.
«La confianza no es no decirse nada incómodo: es poder decírselo.»
Conclusión
Callar también tiene un precio.
Una opinión que no dice nada deja a la otra persona sola ante un problema que tú ya habías visto.
Pregunta antes de opinar.
Saber para qué quiere tu opinión decide qué opinión le sirve.
Tu opinión es una aportación, no un veredicto.
Di lo que ves y por qué, y deja que la decisión sea suya.
¿Quién te ha pedido opinión últimamente? Sale mejor cuando la has pensado, y mejor todavía cuando la has practicado antes. Para eso creé Xakrom.
Practica esta conversación en Xakrom.
Xakrom está en beta. Sé de los primeros en probarlo.
Referencias
Scott, K. (2017). Radical Candor: Be a Kick-Ass Boss Without Losing Your Humanity. St. Martin's Press.
Zamora, R. (2020). Cooperación en complejidad: Cooplexity, un modelo de colaboración en complejidad en tiempos de incertidumbre y cambio. Ricardo Zamora. ResearchGate
